5.10.12

Los exagerados


Los exagerados son personas delicadas. Es necesario tener cuidado con ellos: hay que dosificarles las noticias, darles las explicaciones pertinentes para evitar que se hundan en los extremos. La aparición de un dolor mínimo se convierte en sus cabezas en el origen de una enfermedad fatal. Un mísero intercambio de opiniones, la causa de un potencial divorcio. Una buena noticia puede matarlos de alegría. Los exagerados no pueden permanecer mucho tiempo en el punto medio, apenas llegan a rozarlo en su frenético ir y venir de un extremo a otro. 
Para conservar algún destello de salud mental, los exagerados tienden a rodearse de gente que les pone un cerco a sus exageraciones, ya sea a fuerza de carcajadas o a fuerza de explicaciones. Lejos de ofenderse, los exagerados esperan ese límite, esperan que alguien conjure la catarata de ridiculeces que se les ocurre por segundo. La exageración desbocada ahoga y se alimenta a sí misma como un monstruo sobrenatural. 
Pocos saben el esfuerzo diario que los exagerados llevan a cabo todos los días para vivir en sociedad ni todo lo que callan antes de confesar eso que les ha acicateado la mente durante horas. Paradójicamente, es el exagerado el que más sabe de autocontrol pero no lo dice porque teme estar exagerando. No hay exagerado que no piense que es él el más exagerado del planeta. Tampoco lo dice, salvo que haya encontrado algún modo de expresión que le permita decirlo como quien no quiere la cosa, decirlo mientras parece que está diciendo, en realidad, otra cosa.